El directivo de la Asociación Brangus y asesor de Cabaña Pilagá, Juan Martín Miretti destacó el crecimiento de Brangus y Braford en el norte argentino y puso el foco en el desarrollo de un programa para medir la calidad de la carne Brangus.
La ganadería atraviesa una etapa de recuperación del interés productivo y, en ese escenario, la genética vuelve a ocupar un lugar central.
Miretti resaltó la adaptación de las razas sintéticas a distintos ambientes.
Brangus y Braford ganan espacio
Pilagá cuenta con una extensa trayectoria en Braford y fue una de las primeras cabañas en trabajar con la raza desde la década de 1980. A partir de 2015-2016 incorporó un programa de transferencia para desarrollar Brangus y, desde hace cinco años, comenzó a comercializar reproductores de la raza.
Miretti destacó que las razas sintéticas han tenido un fuerte crecimiento en el norte argentino y también comenzaron a ganar presencia en zonas tradicionalmente vinculadas a las razas británicas.
“Estas razas sintéticas o compuestas permiten afrontar ambientes más duros y los cambios climáticos. Son herramientas que funcionan para el productor”, sostuvo.
Como muestra de esa expansión, señaló que en el último remate de Pilagá compradores de la provincia de Buenos Aires adquirieron reproductores Brangus, reflejando una mayor demanda por genética adaptada y eficiente.
Carne Brangus: medir para mejorar
Uno de los principales desafíos que plantea la Asociación Brangus hacia adelante es avanzar en la caracterización de la carne producida por animales de la raza.
Miretti explicó que el programa Carnes Brangus, lanzado por la Asociación a fines del año pasado, busca generar información objetiva sobre la calidad de la carne. Para ello, se estableció un acuerdo con el frigorífico Marfrig que permite a los productores que participan obtener un informe de calidad sin costo adicional.
El programa comenzó a medir cuatro variables consideradas claves por el mercado: área de ojo de bife, grasa dorsal, marmóreo y color de carne. “Queremos hacer un censo de dónde estamos parados”, explicó Miretti.
Hasta el momento ya se evaluaron más de 2.000 cabezas, con información que comienza a generar una base estadística relevante. En algunos casos, además, se cuenta con información sobre el origen y la línea genética de los animales, especialmente aquellos provenientes de descartes de cabaña.
“Creemos que va a salir un buen trabajo y esperamos poder publicarlo hacia fin de año para saber dónde estamos parados y seguir trabajando sobre esa información”, anticipó.
Para Miretti, el desafío de la genética Brangus no termina en el reproductor: también está en demostrar qué calidad de carne puede producir y transformar esa información en una herramienta concreta para productores y toda la cadena.
Remate en Quimilí
En referencia al reciente remate de Cabaña Pilagá en la Sociedad Rural de Quimilí, Santiago del Estero, en los primeros días de agosto, Miretti señaló que el resultado fue “muy bueno”, con 180 reproductores vendidos en poco más de dos horas, en un remate ágil y con una importante participación de compradores.
Los toros alcanzaron un promedio de $10,8 millones, mientras que las vaquillonas premium llegaron a valores superiores a los $7 millones y las comerciales promediaron alrededor de $4,5 millones.
“Hubo mucha gente y muchas manos. Lo importante es que estamos viendo que la ganadería vuelve a ser una opción y un negocio de integración dentro de los sistemas productivos”, explicó.